martes, 14 de agosto de 2018

Santo toda una leyenda de la lucha libre

Ahora que acabó el Mundial, al fin, Chicuelo, puedes sentarte a escribir sobre el más grande y hermoso deporte que la humanidad ha dado: la lucha libre.

Ese no es un deporte, idiota, me dirán, es más bien una actividad teatrera, qué vergüenza que ya siendo tan grande sigas creyendo en eso.

Es mi eterna alma de niño, ustedes disculparán.

Allá por 2007 llegó a esta fea ciudad Axel, el nieto del Santo, y con él otros luchadores como Rayman, el nieto del Rayo de Jalisco, la Parquita, Espectrito, Lápida y Vangellys. Todo para conmemorar el fallecimiento, en 2006, de otro grande, Daniel García Arteaga, también conocido como Huracán Ramírez.

Entonces, como no podía ser de otra manera, fui con mi difunto papá a ver al nieto de la Leyenda. De la Gran Leyenda de la lucha mundial, conocido desde que nació como Rodolfo Guzmán Huerta, y más tarde, cuando ya me subía al cuadrilátero, joven Chicuelo, como el Santo, el Hombre de Plata, el Enmascarado más grande que ha dado este feo mundo. Y qué lindo era ir los domingos con mi papá al cine México a ver sus películas, a verme luchar contra las mujeres vampiro o contra los hombres lobo, y cuán falsas nos parecen ahora esas interpretaciones y endebles los argumentos y ni qué se diga de la escenografía y los efectos especiales.

Qué divertido y qué emocionante y ante todo qué gratificante era salir del México y llegar a tu casa, Chicuelo, y contarle a mi mamá de qué iba la película de ese domingo, cómo eran las momias o cómo las mujeres vampiro, y mi mamá enojándose con mi papá: para qué le haces ver esas películas a la wawa, ahora no va a poder dormir.

La cosa es que el lugar para el reencuentro con la Leyenda de Plata era en el Coliseo Cerrado. Las casi cuatro horas de espera no importaron. Gracias a esa espera pude conocer a personajes extraños, estimado Santo, y a otros que (uno dice) cómo no ser ellos, cómo no cambiarse para ser esas otras personas tan afortunadas. Los personajes extraños en la fila era las revendedoras que se metían y uno al gritarle ¡coladora!, al tiro te mostraban la Gillette lista para ser usada, ¡cuál coladora, so cojudo! Y por el otro lado de la categoría de personas extrañas estaba la señora que, a mi lado, empezó a abrirme conversación: que estaba muy emocionada por ver al nieto del Santo, sí señora, cómo no, porque ella, cuando era más joven, había visto al padre, allá en 1969, cuando vino junto al Huracán Ramírez y cuando ayudó con una función más para recabar fondos para la tragedia de Viloco.

Y entonces la magia, Florecita Rockera, entonces la magia, pá: la señora sacando de una bolsa de mercado un aguayo, y del aguayo una bolsa de plástico y de la bolsa de plástico la máscara Plateada. Me voy a desmayar, pá, te juro que casi me desmayo, como si fuera de nuevo el chiquillo de diez años yendo al México, cuando se apagaban las luces, piensas, como cuando aparecían las letras chillonas anunciando el título de la película.

¿La señora quería verme la cara?, ¿intentaría venderte la máscara después, Chicuelo? No, nada de eso, antes muerta que deshacerme de esta mascarita, joven, recuerdo es. ¿Por qué la juventud de ahora es tan platista?

La máscara Plateada estaba vieja. Estaba vieja no por el uso sino por el tiempo, como los tenis que uno adora y que se niega a deshacerse, por más que la familia le diga ¿no te da vergüenza andar con eso?
Ella, la señora que me acusaba de platista, estaba emocionadísima, tanto o más que vos, Chicuelo, y el Santo diciéndome: eso aún me arranca lágrimas, joven Chicuelo, que la gente lo quiera a uno así después de tantos años de muerto no tiene precio, ahí uno se da cuenta, cabrón, que uno hizo cosas buenas en la vida. Escríbase eso en su notita, si me hace favor.

La señora tenía en sus manos algo que cualquier niño habría querido conservar, que cualquier fan de las luchitas habría dado su vida por tener en casa. Y ahí me contó que ella era hija de uno de los organizadores de esa tan ilustre visita, que como agradecimiento por tan buenos tratos el mismísimo Santo le había regalado la Plateada a su papacito, y el Santo casi llorando: me acuerdo de ese señor, un panzón de bigotazos, preocupado todo el tiempo por los mexicanos, que si la altura no les estaba afectando, que si el frío los iba a dejar entrenar con calma, que qué desgracia lo del Tigre, ¿han visto en el periódico cómo se ha muerto casi todo el Strongest?

Ese día que les digo fue inolvidable no sólo por la señora a la que envidio hasta ahora, no sólo porque volví a ser un chiquillo que iba al México con su papá, sino también porque ahí, frente a nosotros, con su casi metro ochenta de altura, estaba Axel, mi descendiente directo, Chicuelo, hasta un caballero de la fila de adelante se dio cuenta y dijo: es idéntico a su abuelo, yo lo he visto el sesenta y nueve.

Hay niñitos desubicados que quieren ser como Messi o como el tal Mbappé; sí, e imagino que eso está bien, pero yo quería ser como el Santo, Florecita Rockera, y pelear contra los rudos, ganarles y quitarles máscaras y cabelleras, y perder la primera caída y ganar después las dos siguientes, y que me sacaran sangre y que si alguno quería quitarme la máscara, sin haberla apostado, defenderme como si quisieran arrebatarme mi biblioteca. Y el Santo diciendo: porque la máscara y la cabellera en las luchas, anote, es tan sagrada como la mamacita de uno. Escríbase eso también, joven Chicuelo.

Ser como el Santo, pá, volar por los aires y hacerle un torniquete al Conde de Villa Victoria en la función por la tragedia de Viloco, y ser el penúltimo en salir de una lucha en jaula.

Ser niño de nuevo, y soñar con ser como el Santo, que está acá a mi lado, llorando de tanta emoción porque la gente todavía lo recuerda con cariño, y sobre todo con agradecimiento, pá, y el Santo diciéndome: porque eso es impagable, joven, porque cuando uno está muerto eso vale más que toda la fortuna del mundo.

Página Siete

domingo, 5 de agosto de 2018

Cholitas luchadoras cautivan turistas en un salón de fiestas de El Alto

El hotel Cholet Havana se encuentra en la ciudad de EL Alto. Rompe moldes tradicionales de un hotel común. Los anfitriones ofrecen un recorrido y dan información sobre el ambiente del hotel y la zona donde está emplazada. Informan sobre la cultura andina (fiestas y danzas tradicionales) y ofrecen un espectáculo de cholitas luchadoras para los turistas extranjeros.

Urgente


domingo, 8 de julio de 2018

Ninja boliviano, el "mago de máscaras" en el periódico El Alteño

La nota periodística del Ninja Boliviano, mago de máscaras salió publicado el domingo 8 de julio en el periódico El Alteño.




Cholitas se agarran a puñetes en el hotel Havana de El Alto

El Alto, 8 de julio.- Desde el ingreso al inmueble los visitantes viven un mundo mágico. Les reciben con cohetillos al estilo preste, les ofrecen un paseo por el salón de eventos y bailes, aprenden de la cultura, costumbres y de la gastronomía andina. Y cuando los turistas extranjeros aún asimilan el derroche de colores e información sobre los ancestros, reciben la explican del porqué el lugar donde están se llama Cholet.

Así es la bienvenida que da a los turistas extranjeros en el hotel Cholet Havana que se encuentra instalado en la zona 16 de Julio. Los propietarios quieren que los visitantes vivan y sientan en carne propia la identidad andina.

Con la experiencia de la administración hotelera en el municipio de Coroico, la familia Condori apostó por El Alto bajo la lógica de que no existen ofertas particulares en esta urbe. Por eso se lanzaron con esta propuesta.

La idea nace como una alternativa frente al modelo administrativo tradicional del servicio hotelero por uno participativo. En el hotel Cholet Havana no existe una línea de recepción; por el contrario, se rompen moldes. Los anfitriones les ofrecen un recorrido y les dan información sobre los ambiente del hotel y la zona dndonde está emplazada la cultura andina (fiestas y danzas tradicionales)y otros aspectos de El Alto. Todo ello como si fueran amigos, como si fueran compadres.

“Los turistas están hartos de lo mismo, lo tradicional. Ellos quieren compartir experiencias y eso es lo que les brindamos. Hemos ido mejorando las condiciones del edificio”, explicó Roy Manuel Condori, Gerente Propietario.

El edificio comenzó a funcionar como hotel en marzo, en cuatro meses albergó a más de 500 extranjeros de diferentes nacionalidades: franceses, alemanes, árabes e ingleses a quienes les pareció muy interesante el hotel.

El cholet tiene cinco pisos, su fachada andina fue pintada con verde y negro, muy llamativos a los ojos de los turistas. Su salón de fiestas es el mejor de El Alto, ha sido decorado con diseños, figuras geométricas, columnas y arcos de color naranja y amarillo.

Tiene 12 habitaciones tapizadas con aguayo. En el interior muestran diseños de cuadros de la artista paceña Sofía Monrroy quien tuvo la idea de pintar cuadros en aguayos con diferentes temáticas, como La Cholita en el Teleférico, Los yatiris, Las Cholitas luchadoras y danzas folclóricas. En cuanto a la gastronomía, cómo no, es andina, por lo que el chairo, el plato paceño, el pesq’e y el charquecan son los platos favoritos.

Para elevar al máximo la adrenalina de los turistas, el hotel Cholet Havana tiene en su programación semanal la presentación de las cholitas luchadoras. En medio del salón del hotel se instala una tarima y alrededor de 200 turistas se convierten en espectadores y a veces hasta son protagonistas de la lucha libre, pues son zarandeados por las luchadoras más rudas.

“Los turistas vienen encantadísimos, hay una repercusión económica grande que se genera en la zona porque vienen más de 200 turistas los días jueves, vienen por el teleférico, compran cosas de las zonas de barrio”, dijo Condori.

Seguirán haciendo más eventos de diferente índole para atraer al turista, a través de acuerdos con diferentes empresas turísticas, instituciones, agencias de viajes y empresas privadas para un mejor servicio. El servicio que brindan logró una buena calificación entre la hotelería de La Paz.

El nombre nació por un amigo cubano que decía que la Havana era lo mejor del mundo, hoy es un modelo mágico en El Alto.

//Urgentebo

jueves, 5 de julio de 2018

Ninja boliviano, más de 15 años confeccionando máscaras

La Paz, 5 julio.- La máscara es la esencia de un luchador, sirve para cuidar la identidad de un personaje encima del cuadrilátero. Emert Cori, conocido en el mundo de la lucha libre como Ninja Boliviano, no solamente domina el cuadrilátero con sus espectaculares llaves y caídas pues hace más de 15 años atrás se ha convertido en confeccionista y diseñador de máscaras de luchadores bolivianos.

Este joven luchador hizo máscaras para Histeria, Míster Veneno, Súper Muñeco, Caballero Tigre, Kunfu boliviano y Sombra Vengadora Padre, ha elaborado 300 máscaras aproximadamente. Utiliza una máquina de coser y mucha imaginación, también ha confeccionado mallas, capas, buzos, muñequeras, manoplas, poleras, canilleras y rodilleras.

Hasta el momento su mayor logro fue haber confeccionado máscaras para México de Blue Demon, Doctor Wagner, El Místico, Santo, Tinieblas y Mil Máscaras.

“En la lucha libre la máscara se ha convertido en señal de identidad, en promesa de amenaza y en protectora del rostro cotidiano, empodera al luchador, le permite una transfiguración heroica y trasciende valores predominantes encima del ring”, explica Ninja Boliviano.

Con un semblante lloroso agradece a Sombra Vengadora Padre por haberle formado como luchador profesional. Las primeras máscaras que ha elaborado fueron de Black Panter y Águila Tapatía en la década de los noventa.

Historia de la lucha libre

Para el Ninja Boliviano el “Santo”, es el luchador enmascarado de origen mexicano con mayor influencia en toda la historia luchística por su participación en el séptimo arte, derrotar villanos en películas de antaño marcaron la vida de cientos de cinéfilos de Mexico y Bolivia.

En reiteradas oportunidades se ha visto desafíos máscara contra cabellera, según el Ninja Boliviano la pérdida de la máscara (que un rival se la quite a otro) significa el retiro definitivo del luchador, en pocas palabras la muerte total del personaje que quedará registrada en la memoria de cada uno de los amantes de la lucha libre.

“En nuestros días no hay mayor tragedia que perder la máscara, por eso son contadas las ocasiones en que los luchadores con mayor tradición la exponen y normalmente se hace desafíos sangrientos contra sus más acérrimos rivales”, puntualizó.

Profesor de lucha libre

Actualmente, Ninja Boliviano impulsa una escuela de lucha libre en el gimnasio Sparta ubicado en la avenida Buenos Aires, esquina Villamil de Rada, frente al mercado Hinojosa. Tiene 17 alumnos registrados, cuentan con personal capacitado para el adecuado aprendizaje del deporte espectáculo de la lucha libre, al margen del Ninja también instruyen el entrenamiento Comando Zabala, Histeria y Míster Atlas. Su principal objetivo formar peleadores de las nuevas generaciones.

Las personas interesadas en adquirir una máscara de lucha libre y entrenar lucha grecoromana pueden contactarse vía WhatsApp y llamadas al 725 25 0 27.

AM/EABOLIVIA.COM




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